CHUBUT | El calendario marca una doble celebración patria en Esquel. Al festejo nacional por el Día de la Revolución de Mayo se le suma, de manera indivisible, el 81.º aniversario de la llegada de La Trochita a la ciudad cordillerana.
Un 25 de mayo de 1945, la mítica locomotora a vapor ingresaba por primera vez embanderada a la estación local, rompiendo definitivamente el aislamiento geográfico de la población y cambiando la fisonomía de la Patagonia para siempre.
Hoy, más de ocho décadas después, el Viejo Expreso Patagónico no solo se niega a ser un simple recuerdo del pasado, sino que se consolida como un museo rodante único en el mundo y el corazón turístico de la provincia de Chubut.
Su nombre popular proviene de su trocha (el ancho de la vía), que es de apenas 75 centímetros.
Sus legendarias máquinas a vapor (marcas Baldwin y Henschel) fueron fabricadas en 1922 y cumplieron ya más de un siglo de vida. Siguen funcionando a base de agua y fueloil.
La longitud original de su trazado (402 km entre Ingeniero Jacobacci y Esquel) es absolutamente inusual para un ramal de trocha tan estrecha. Cobró fama mundial definitiva en 1978 con la publicación de la novela de viajes El Viejo Expreso Patagónico del escritor estadounidense Paul Theroux.
Tras el cierre masivo de ramales estatales en 1993, las provincias patagónicas asumieron su operación. En 1999, fue declarado Monumento Histórico Nacional, siendo el primer ferrocarril argentino en alcanzar esta distinción.









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